Gerbera

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La gerbera es una flor de forma simple y a la vez risueña: una sola flor redonda que mira de frente en lo alto de un tallo recto. Sus pétalos finos se despliegan por igual alrededor del ovario central y dan la impresión de un rostro que sonríe. Pertenece a la familia de las compuestas, como una rama de la margarita, y hasta se la llama comúnmente "margarita africana", pues su hogar son las praderas soleadas de Sudáfrica. Recibió su nombre en el siglo XIX y, tras un largo trabajo de mejora, su gama de colores se ha vuelto amplísima, del rojo encendido al naranja, el rosa y el amarillo. Gracias al cultivo en invernadero se consigue durante las cuatro estaciones, por lo que es también una de las flores que la florista toma con gusto. Con colores nítidos, pétalos de disposición pareja y un tamaño de flor justo, no resulta recargada aunque se reúnan varias piezas en un mismo ramo. Por ese porte luminoso, con el rostro erguido con claridad en lo alto del tallo recto, basta con incluir la gerbera para que el ramo gane un ritmo alegre y lleno de vida.

La historia de su significado

El significado de la gerbera naranja es "Esperanza, siempre adelante". Nace de su manera de abrirse siempre de frente y en plenitud, sin agachar nunca la cabeza en ningún lugar. Ese porte, con el rostro redondo alzado recto sobre el tallo erguido, se dice que reproduce tal cual un ánimo valiente que avanza sin vacilar y una esperanza luminosa, y de ahí le viene el sentido. Por eso la gerbera se ha querido durante mucho tiempo como flor de aliento que infunde valor a quien tiene por delante un nuevo comienzo. En una misma gerbera, al cambiar el color cambia también el matiz del sentimiento que transmite. La gerbera rosada es la flor que lleva "Un corazón agradecido" y expresa con delicadeza el reconocimiento, mientras que la gerbera amarilla, con "Una sonrisa amistosa", encarna esa ternura que reconforta con su sola presencia cerca. Los tres colores reparten entre sí la energía positiva de la esperanza, la gratitud y la sonrisa, de modo que, elijas el color que elijas, siempre guarda un sentido luminoso y cálido: ese es el encanto de la gerbera. Su forma redonda, como de sonrisa abierta, se aúna con estos significados alegres y termina por iluminar hasta el corazón de quien la mira.

Significados por color

Cuándo regalarla

La gerbera encaja de sobra en cualquier ocasión en que se quiera transmitir energía luminosa y aliento. La gerbera naranja, cargada de "Esperanza, siempre adelante", es idónea para dar valor a quien afronta un nuevo desafío, como un examen, un ingreso en el trabajo o una inauguración. A quien quieres dar las gracias, ofrécele la gerbera rosada de "Un corazón agradecido"; y cuando desees un saludo cercano y afectuoso, elige la gerbera amarilla de "Una sonrisa amistosa". Como su rostro grande y radiante se vuelve tal cual una expresión alegre, sienta especialmente bien en los momentos en que hay que dar fuerza, como una visita al hospital o la felicitación por una apertura. De precio nada gravoso y colores diversos, resulta perfecta para reunir varias piezas en abundancia, por lo que también se la quiere en los ramos de celebraciones que piden luz, como una graduación o un cumpleaños. En esos instantes en que se quiere transmitir el corazón de forma ligera y luminosa, más allá de la formalidad, un ramo de gerberas de rostro sonriente tiñe de claridad hasta el ánimo de ese día.

Consejos de combinación

La gerbera es una flor principal de rostro redondo bien definido, así que cumple de sobra el papel de fijar el centro del ramo. Como su color puro es nítido, reúne varias piezas en número impar para crear ritmo y rellena los huecos con materiales ligeros: así la composición queda ordenada. Las gerberas naranjas y amarillas, puestas junto a flores de tono cálido como el girasol o el tulipán, dan un ramo radiante como un campo de verano, y con un poco de fresia amarilla su energía luminosa cobra aún más vida. La gerbera rosada compone un ambiente adorable junto a la rosa y la flor de cera, y añadiendo algo de gipsófila su color se aclara con frescura. Cuando se mezclan varios colores puros y vivos es fácil que el conjunto se disperse, así que respáldalos con verde en abundancia, como el eucalipto o el rusco, para dejar aire y que los colores queden serenos y ordenados. Como el tallo es hueco por dentro y se ablanda con facilidad, conviene poner poca agua y cambiarla a menudo; y si colocas primero las demás flores y rematas con la gerbera para dar expresión, es más sencillo equilibrar el ramo.

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